El reciente 10 de agosto 2019 acudí a un evento fenomenal en la que se concentró un buen número de artistas de avant garde y cuyo punto en común es el uso del ruido como expresión artística. Ruidismos V es el nombre del festival producido por el Proyecto AMIL y se realizó en la salón de exposiciones del CC Camino Real de San Isidro.
Una de las performances que logró capturar poderosamente mi atención fue la que protagonizó Abel Castro, un artista sui generis en la escena nacional y latinoamericana quien ya tiene en su haber varias presentaciones en Perú, Brasil, Argentina, Ecuador y Colombia. Castro es un compositor electroacústico y músico experimental con estudios de Ingeniería Electrónica y de Composición Musical en el otrora Conservatorio Nacional de Música, hoy Universidad Nacional de Música del Perú.
El artista usa unos guantes ataviados de cables y circuitos eléctricos conectados a un software que se encarga de capturar las frecuencias de los ambientes y luego las devuelve convertidas en unas descargas sonoras endemoniadas que a primeras oídas uno podría confundir con sonidos graves de un Theremyn, sin embargo, es importante enfatizar que Castro inventó su propio instrumento y el cual lleva por nombre Prótesis V1.
Conforme avanza la performance, Castro es un ectoplasma expresando sentimientos descarnados, entre los gestos de su rostro, los movimientos de sus manos y brazos, el micrófono que se ha metido en la boca para jugar con sus cuerdas vocales, se van configurando sonoridades por las vibraciones que él mismo genera. Verlo es un espectáculo fuera de serie.
Al finalizar su presentación, lo abordé por unos minutos y ésto fue lo que rescaté para el blog.
Al finalizar su presentación, lo abordé por unos minutos y ésto fue lo que rescaté para el blog.
